jueves, 27 de abril de 2017

SEMANA SANTA 2017. LA ODISEA DEL PRIMER DIA



Ya estamos a Domingo de Ramos y afrontamos estas vacaciones de Semana Santa en Bulgaria con mucha ilusión y ganas de descubrir si este país es capaz de enamorarnos. Es un gran desconocido y salvo lo poco que aparece en las escasas guías de viaje, casi nada sabemos de él, así que allá vamos a descubrirlo.

El vuelo sale de Madrid a las 10.45. Volamos con Ryanair, por lo que a las 7 quedamos todos en un punto de Talavera para dirigirnos en dos coches hacia el aparcamiento de larga estancia de T1, T2, T3. Ya habíamos reservado previamente las plazas, ocho días por 42 euros. 

Tras dejar los coches aparcados, nos subimos al autobús que nos deja en la T1 donde nos esperan los tres amigos restantes que han venido en metro desde Alcorcón.


Ahora sí estamos todos así que vamos al mostrador a facturar algunas maletas y después a pasar los controles rutinarios de equipaje y documentación. Algunos hacen algunas compras en el Duty free y nos dirigimos a la puerta de embarque, donde con un poco de retraso y alguna leve discusión porque el personal de tierra no avisó del embarque prioritario, accedemos al avión.

Bueno, ya estamos en camino. Cambiamos los relojes de hora, puesto que en Bulgaria hay una hora más y damos alguna cabezada hasta la hora de llegar.


Salimos del avión y nos esperan dos autobuses que nos recogen en la pista para llevarnos a la terminal. ¡¡¡Que bien. Estamos ya en Sofía, comienzan nuestras aventuras!!!  ¿Seguro  que todos estamos en suelo Búlgaro?

Al entrar en la terminal nos dirigimos al control de documentación. Sacamos todos los DNI y es entonces cuando Ana se da cuenta de que no tiene el de la hija. Nos apartamos un poco y revisamos todos los papeles, ella mira y remira en el equipaje de mano, en los bolsillos y en todos los lugares posibles, pero el DNI no aparece. ¡¡¡Puffff vaya problemón!!!

Los demás vamos pasando y Pablo, que se maneja mejor que los demás en Inglés, se queda con ella para explicar lo que ha pasado. Pasa un rato y desde el otro lado del control vemos que los llevan a un pasillo allí al lado. ¿ Que hacemos ahora ?  Después de un rato decidimos acercarnos a por las maletas, que ya llevaban unas cuantas vueltas en la cinta esperando a ser recogidas. Allí esperamos y nos comunicamos con ellos que nos dicen que no las dejan entrar al país. Un policía va hasta el avión para ver si se había quedado allí, pero no aparece por ningún sitio. Nos dicen que tiene que quedarse a dormir allí, en los calabozos del aeropuerto y tomar el primer vuelo de vuelta a Madrid. ¡¡¡Vaya Palo!!!


Pablo decide quedarse con ellas esa noche hasta que se solucione, si es posible, la situación o cojan el vuelo de regreso a Madrid. Menos mal que estaba con ellas, si no a Ana y a Astrid les da un ataque allí mismo.


Mientras tanto los empleados de la empresa de alquiler de coches que habíamos contratado estarían fuera esperándonos sin saber nada de lo que ocurría, por lo que Juanra y yo salimos con nuestras maletas para hacernos cargo de los coches, no vaya a ser que se vayan y nos quedemos sin vehículos.





Allí esperaban Valerí y otra compañera que nos traían una Opel Vivaro de 9 plazas, vieja como ella sola, y un Proton, que era la primera vez que veía esa marca. Pero bueno no es momento de exigir mucho, lo importante es pagarles, que nos den las llaves y volver dentro a ver que está sucediendo.


Al haber salido de la zona de recogida de maletas, ya no podíamos volver a entrar. Ahora estábamos divididos en tres grupos, unos fuera, otros en la cinta de las maletas esperando a ver que pasaba y los tres que peor lo estaban pasando, retenidos en el control de pasaportes. Por fin tenemos noticias telefónicas de éstos confirmando lo que habían adelantado, que se quedaban allí hasta que por la mañana Ana y Astrid cogieran el primer vuelo de vuelta. Imaginad, además del estado de éstas, la intranquilidad de la mujer y los hijos de Pablo, sabiendo que dormiría en el aeropuerto.


Como en la serie de dibujos animados de Vicki el vikingo, comenzó a picarme la nariz y en un momento se me vino a la cabeza que aquello estaba siendo una emergencia, y que aunque era Domingo de Ramos, tendría que haber alguna manera de ponerse en contacto con la embajada de España. Me puse a mirar en el móvil y encontré un teléfono de emergencias consulares. Llamé a ese número y le expliqué la situación a la chica que me atendió. Ésta me dijo que era complicado pero que se iba a poner en contacto con el cónsul a ver que se podía hacer.


Cual no sería mi sorpresa cuando a los 10 minutos aproximádamente recibo una llamada del Cónsul interesándose por los hechos. 

Me dijo que era un tema difícil porque aunque pudieran hacer un pasaporte provisional, éso llevaría al menos 48 horas, ya que habría que ponerse en contacto con la policía en España y hacer una serie de gestiones, entre ellas hablar con el Padrede la niña para comprobar que no era un secuestro. No obstante iba a hacer lo que estuviese en su mano, aunque no prometía nada.


Pasados 15 minutos sin saber nada más, me atreví a llamarle al móvil desde el que me había llamado antes para decirle que la policía del aeropuerto no daban más plazo, que si en unas horas no se solucionaba el problema tendrían que dormir allí. Le comenté también lo que me había dicho Ana, que Astrid de 13 años, tuvo un momento de ansiedad y se puso a llorar, ya que no quería dormir en un calabozo.


El Cónsul me pidió que le enviase un SMS con el número del DNI y fecha de nacimiento de Astrid, así como el número de teléfono de Ana, cosa que hice inmediatamente. Al poco tiempo me llaman diciendo que la ha llamado y ha estado hablando con ella y con la policía y que iba a intentar solucionarlo.


A esto son las siete de la tarde y a las ocho cierra la recepción del hotel que tenemos reservado, por lo que propongo marcharnos a hacer el chek in, no vaya a ser que cuando queramos llegar no tengamos hotel y nos tengamos que quedar todos a dormir en la calle. Entiendo que para todos, y en especial para los familiares de Pablo no debía ser muy agradable marcharnos de allí sin saber con exactitud que iba a pasar, pero creo que a veces hay mantener la mente fría e ir poco a poco resolviendo lo que esté en nuestra mano.




A 15 minutos del aeropuerto se encontraba nuestro hotel, L'opera house. Dejamos las maletas en las habitaciones y llegó la llamada esperada. ¡¡¡El cónsul iba en camino al aeropuerto con un pasaporte provisional para Astrid!!!!  Que alegría, que descanso y que aplauso se merece este funcionario que es capaz en un día festivo, tomarse las molestias de preparar una documentación para una persona que la ha perdido y llevarla personalmente al aeropuerto. Con personas como estas uno vuelve a creer en su país. 

Recomendaciones del consulado para evitar estos problemas:


- viajar siempre con dos documentaciones, DNI y pasaporte. Una encima y la otra en alguna maleta.


- Si sólo viaja un progenitor con el menor, llevar siempre autorización del otro para evitar que se pueda interpretar que pueda ser caso de secuestro de hijos.


Ya mucho más tranquilos, mientras esperamos que lleguen, nos dirigimos a la hermosa catedral de San Alexander Nevski.




































Se encuentra a 200 metros del 

hotel junto a la iglesia de Santa Sofía. La gente entraba en la iglesia con ramas de cualquier planta verde para depositarla junto a alguno de los iconos. Seguimos paseando hasta llegar a la iglesia rusa de San Nicolás, que estaba cerrada y en ese momento nos vuelven a llamar diciendonos que ya salen en taxi desde el aeropuerto, así que nos vamos de nuevo al hotel  para estar allí cuando lleguen.






Casi a la altura del hotel, vemos llegar un taxi al que le dedicamos un sonoro y alegre aplauso. En ese taxi van los tres que a punto estuvieron de ser deportados. Por fin, esta vez si, todos juntos en Bulgaria.



A pesar de todo lo ocurrido, quedan ganas de salir a conocer un poco más de la ciudad. Vamos hasta el Parlamento, seguimos al edificio de los ministerios en cuyo patio se encuentran unos restos romanos la iglesia más antigua de Sofía. Es la Rotonda de San Jorge. La iglesia estaba abierta. Entramos y estaban cantando, entiendo que parte de la liturgia de semana santa. Como era muy pequeña y nosotros muchos, decidimos marcharnos y buscar un sitio para cenar.





Entramos en un restaurante que vimos al paso, Bodega Sofía en la calle Tsar Osvobodiditel  y la verdad es que cenamos de maravilla. 



Después de este día tan agitado va siendo hora de descansar y reponer fuerzas para mañana que nos espera un día bastante largo también. En esta ocasión de coche.








Antes de dormir Juanra, Jorge, Lola  y yo nos tomamos unas cervezas artesanas exquisitas que servían en el local que hay justo al lado del hotel. Muy recomendable.

Buenas noches. Mañana un poco más








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