A
las ocho de la mañana estábamos desayunando en el pequeño comedor del hotel.
Sólo tenía cuatro mesas, dos de ellas para dos personas. El desayuno estaba
correcto. Zumo, café y pan con queso y algo de embutido. No nos entretuvimos
desmasiado para dejar paso a los demás, pero resulta que el resto estaba
también tomando el café en el otro comedor que había al lado..
Bulgaria está lleno de pequeños pueblos
con mucho encanto y casas típicas del renacimiento Búlgaro, por ello ahora
pienso que no deberíamos habernos desviado de nuestro camino para ir hasta koprivshtitsa. No porque no mereciera la pena,
pero teniendo en cuenta que el camino hasta el punto de destino era largo y
teníamos previsto visitar otros pueblos del estilo, podríamos habernos evitado
tanta paliza de coche. Por allí estuvimos caminando por sus calles y tomando
fotos de cada rincón para poder después recordarlo
Decidimos comer en una Mexaná, restaurante típico, que había en la
plaza. Tardaron bastante en servirnos, pero quedó compensado por lo bien y lo baratito que comimos.
Una vez saciado el apetito continuamos
nuestra marcha hacia la siguiente parada, El Monasterio de Troyan. Para ello tenemos que atravesar el
Parque Nacional de los Balcanes Centrales.
Siguiendo las indicaciones del GPS tomamos
la carretera nuevamente en dirección a Sofía,
por lo que tuvimos que dar la vuelta para ir por el camino que queríamos coger,
el puerto de Troyan.
Comenzamos a subir y subir y subir la
montaña. A medida que subimos vamos encontrando un poco de nieve a los lados de
la carretera, pero cuando por fin llegamos al puerto, la vista era preciosa.
Hicimos una pequeña parada técnica y nos tiramos algunas bolas de nieve.
Continuamos la ruta y media hora más tarde, aproximádamente sobre
las cinco de la tarde llegamos al Monasterio de Troyan. Este es el tercero
en importancia de los monasterios búlgaros tras Rila y Bachkovo. Lo encontré más deteriorado que la
último vez lo vi en 2009. Estaban restaurando algunas partes del monasterio,
así que espero que la próxima vez vuelva a mostrar todo su esplendor.
A las seis y media, más o menos, llamamos
al propietario de la casa que habíamos alquilado para decirle que llegaríamos
alrededor de las 8 de la tarde. Le preguntamos si podría tenernos algo de
comida preparada para la cena y nos dijo que sí, que cuando llegáramos le
dijésemos que queríamos y lo traería. Así que nos volvemos a poner en marcha
hacia Malki Chiflik, una pequeña aldea a 4
kilómetros de Veliko Tarnovo, que sería nuestro hogar los próximo
tres días.
Efectívamente llegamos a las ocho de
tarde y allí estaba Lazar esperándonos. La casa era un poco especial. Un salón
enorme con todo lo necesario para una estancia agradable, cuatro dormitorios
más uno escondido y un gran jardín. Lo único malo eran los cuartos de baño. Al
no tener un espacio delimitado de ducha, si no que ésta se encontraba en mitad
del baño, cada vez que se usaba se ponía todo perdido de agua y el suelo
resbalaba bastante.
La decoración de la casa era bastante
recargada, llena de objetos antiguos tales como radios, planchas y un sinfín de
elementos de decoración de hace muchísimos años. Esto en sí puede resultar
bonito, pero cuando se encuentran en exceso el resultado es un tanto agotador a
la vista.
Cuando llegamos le encargamos una parrillada y unas ensaladas.
Tardarían aproximadamente una hora en traerla, así que nos pusimos a
colocar las maletas en los dormitorios y recorrimos los alrededores de la casa
hasta que trajeron la comida.
Excepto el chorizo, que estaba durísimo, lo demás estuvo bastante bien.
Después de un día tan completo estábamos
hechos polvo, Así que no tardamos en acostarnos. Mañana el día será más
tranquilo. Visitaremos Veliko Tarnovo y Arbanasi, que está a 5 kilómetros.
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