domingo, 23 de abril de 2017

DIA 5 ENCUENTRO EN AMBERES CON FRANS Y EMILIA

Hoy es el día en el que por fin veremos a nuestros amigos belgas. Hemos quedado en la estación de Amberes, ya que ellos irán en autobús desde Turnhout, a unos 40 kilómetros más o menos de allí.


El día amanece muy desapacible, también es casualidad que el día que teníamos pensado conocer las inmediaciones de la soberbia estación central de Amberes y la zona de los diamantes, el paraguas y los chubasqueros se hacen imprescindibles. Esperemos que a lo largo del día mejore un poco el tiempo.



Cómo vamos a echar de menos a partir de mañana, que ya nos vamos, a ese duendecillo que sigue teniéndonos el café preparado cuando nos levantamos.



De Brujas a Amberes tardamos aproximadamente una hora y media. Hay que decir que el 90 por ciento de los kilómetros que hemos recorrido en este país han sido por autopista. La red de carreteras de alta velocidad de Bélgica es fantástica, aunque con muchísimo tráfico, sobre todo de camiones.




Al llegar a Amberes, aparcamos junto al stadlijk park, es como el parque municipal, a unos 15 minutos andando de la estación. Nada más bajar del coche, tuvimos que abrir los paraguas porque la lluvia continuaba haciéndonos compañía, así que para no cargar con más peso hicimos inmediatamente la clásica pausa, hoy momento plátano. Hay que ir deshaciéndose de los víveres que quedan.



Continuamos hasta la estación y a los cinco minutos de llegar nos encontramos con Frans y Emilia, prácticamente irreconocibles con esos chubasqueros y gorros impermeables que llevaban para protegerse del agua.



Damos una vuelta por el interior de la estación y decidimos salir a ver si podíamos dar una vuelta por los alrededores. La lluvia caía cada vez con más fuerza así que nos refugiamos en una cafetería a tomar un café y hacer algo de tiempo a ver si podíamos continuar.






Viendo que era imposible dar un paso en la calle, pues cada vez el tiempo iba peor, tomamos la decisión de ir a comer a la taberna de la Abadía de Westmalle. Es una taberna frente a la abadía del mismo nombre, famosa por fabricar una de las cervezas trapenses más famosas. Tras Chimay es la de mayor producción del país.


Nosotros volvimos al coche y nuestros amigos belgas cogieron el autobús en dirección a la taberna, pues tiene una parada justo en la puerta del local. Nosotros somos nueve, así que no hay posibilidad de que subieran al coche con nosotros, pero es un viaje cortito. Bueno corto en condiciones normales, pero cuando el limpia parabrisas no da abasto de quitar el agua del cristal, tardamos un poquito más.






Media hora más tarde llegamos a la taberna, y a los cinco minutos estábamos de nuevo todos juntos.






El local es grandísimo, aún así, pese a ser lunes a las 3 de la tarde, estaba casi lleno. Comenzamos por pedir la clásica half half, una deliciosa mezcla de media copa de cerveza westmalle duble y media de triple. ¡¡¡ Cuánto tiempo sin probarla !!!  Pedimos para acompañar unos platos de queso de abadía con mostaza de Dijón y otros de mezcla de entrantes calientes.



A la hora del plato principal, la mayoría pidió el típico Stoof vlees (ternera estofada), otros pedimos las no menos auténticas frikandeles met krieken (albóndigas con cerezas ácidas), y los demás no recuerdo exactamente que pidieron, pero todos quedaron muy satisfechos con su elección. Todo ello viene acompañado con sus correspondientes patatas fritas, croquetas de patatas, puré de patatas o arroz.



Algunos pidieron un postre que nos dieron una envidia a los demás que casi se lo quitamos. Una copa de helado con chocolate caliente y cerezas que, ummmmm.



Acabado el festín, era hora de volver a casa ya que la lluvia seguía haciendo de las suyas.



Frans y Emilia vuelven a coger el autobús hacia Turnhout y nosotros hacia Brujas. Cuando lleguemos tenemos que empezar a recoger las cosas de la casa, hacer las maletas, dejar listo el reciclado y hoy, si que si, darnos una vuelta aunque sea con paraguas por Brujas de noche.




Recibo un Whatsaap de Frans con una foto de cómo han llegado de vuelta a casa. ¡¡¡ Pobre Frans !!! Eso es un amigo, aunque llueve o truene allí está. Muchas gracias Frans.









Tomamos las últimas cervezas que quedan en la despensa y comenzamos con el reciclaje. Los plásticos en esta bolsa transparente, los vidrios en esta caja, los papeles en esta otra, pero ese papel no, ese va en el orgánico. La recogida de basura en este país es un poco complicada. Hay que guardar en casa cada tipo de basura, pues la recogida se hace cada quince días. Una semana, un día concreto vienen a recoger la orgánica, a la semana siguiente los plásticos, una vez al mes los papeles y vidrios, y éstos deben estar limpios. Si algo no está correcto te dejan la bolsa en la puerta con una nota diciendo que algo no has hecho bien y no la retiran. Al principio es complicado, pero acabas acostumbrándote. Los envases de cervezas podíamos haberlos llevado a algún supermercado como Carrefour, donde te devuelven el importe de los mismos, pero no lo hicimos, así que allí se quedaron.



Estábamos muy cansado, así que la mitad se quedaron en la casa y otros nos fuimos a dar una vuelta por brujas de noche. La verdad es que se confirma que es una ciudad fantasma cuando desaparecen los turistas, preciosa pero fantasma. 






Caminamos un poco por el centro y como la lluvia no cesaba, volvimos a casa y nos fuimos a dormir. A las seis de la mañana hemos quedado con la dueña de la casa para entregarle las llaves y marcharnos al aeropuerto. Se acaban las vacaciones.


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